Bécquer y vos

12

    Lo que el salvaje que con torpe mano
hace de un tronco a su capricho un dios,
y luego ante su obra se arrodilla
                eso hicimos tú y yo.


    Dimos formas reales a un fantasma,
de la mente ridícula invención,
y hecho el ídolo, ya, sacrificamos
             en su altar nuestro amor.


















26

Tú eras el huracán, y yo la alta
torre que desafía su poder:
¡Tenías que estrellarte o abatirme!...
               ¡No podía ser!


Tú eras el Océano, y yo la enhiesta
roca que firme aguarda su vaivén:
¡Tenías que romperte o que arrancarme!...
               ¡No podía ser!


Hermosa tú, yo altivo; acostumbrados
uno a arrollar, el otro a no ceder;
la senda estrecha, inevitable el choque...
              ¡No podía ser!




(Sí. Todavía te encuentro en los versos.)
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Piel

Tu piel es una revolución de amor, tu piel está a punto de erupción, y yo a segundos de sambullirme en un mar de pasión, me resbalo en tu espalda. Es tan amplia que me pierdo, me caigo y nado en tu calor. Tu piel es terciopelo, pero tan cálida que me parece transparente. Te miro y sonrío y me ves sonreír; crés que estoy loca, y te dejo creer lo que quieras. Me encanta hacerte sentir en un estado de locura inmaculada, estado de sobredosis de amor. Sentir tu piel como un abrigo, como notas de música que van formando una sinfonía. Tu piel que es bocanada de aire fresco y cálido, susurros que estremecen mis pensamientos. Me fascina verte así y sentir cómo tu calor se funde con el mío y así abrigarnos con abrazos los fríos que nos da la vida.

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